Ficción
La mujer estaba convencidísima: era él quien la había galanteado, él procuraba su compañía, él estaba profundamente enamorado de ella y sólo sería feliz a su lado. Pero como no podía expresar en público lo que sentía, el seductor le enviaba mensajes que nadie, salvo ella, podía entender. Y si se mostraba frío o incluso displicente, era por su cobardía para aceptar la verdad.
Él, claro, no llegó a enterarse nunca. Era el rey Jorge V de Inglaterra y ella, una humilde francesa cuyo caso es el primero que ilustró lo que el psiquiatra Gaëtan de Clérambault llamó en 1927 «psichose passionelle» y que se conoce también como erotomanía. El enfermo tiene la creencia paranoide de que alguien generalmente de más alta posición social se ha enamorado de él o de ella. El asunto no suele pasar a mayores, pero a veces puede terminar en molestos entrometimientos y hasta en violencia.
En Holanda acaban de condenar a nueve meses de cárcel al acosador de una de las Spice Girls. El tipo dijo que se conmocionó cuando le dijeron que su amor no era correspondido («¿cómo, no me quiere?») y comenzó a perseguir a la cantante.
La erotomanía le sirvió al inglés Ian MacEwan para componer su novela Amor perdurable, una estupenda reflexión acerca de nuestras percepciones siempre deformadas por los propios deseos y convicciones. Tanto, que hacia el final de la obra el protagonista se dice: «Creer es ver». Y para que el lector lo pruebe en carne propia, MacEwan incluye un anexo con un paper «recogido de la British Review of Psychiatry» en el que se describe un caso casi idéntico al relatado. Algunos cayeron redondos y entendieron que ese texto era la pura y santa. Pero la historia, que no la enfermedad, era tan ficticia como creerse objeto de una pasión que no existe.
Él, claro, no llegó a enterarse nunca. Era el rey Jorge V de Inglaterra y ella, una humilde francesa cuyo caso es el primero que ilustró lo que el psiquiatra Gaëtan de Clérambault llamó en 1927 «psichose passionelle» y que se conoce también como erotomanía. El enfermo tiene la creencia paranoide de que alguien generalmente de más alta posición social se ha enamorado de él o de ella. El asunto no suele pasar a mayores, pero a veces puede terminar en molestos entrometimientos y hasta en violencia.
En Holanda acaban de condenar a nueve meses de cárcel al acosador de una de las Spice Girls. El tipo dijo que se conmocionó cuando le dijeron que su amor no era correspondido («¿cómo, no me quiere?») y comenzó a perseguir a la cantante.
La erotomanía le sirvió al inglés Ian MacEwan para componer su novela Amor perdurable, una estupenda reflexión acerca de nuestras percepciones siempre deformadas por los propios deseos y convicciones. Tanto, que hacia el final de la obra el protagonista se dice: «Creer es ver». Y para que el lector lo pruebe en carne propia, MacEwan incluye un anexo con un paper «recogido de la British Review of Psychiatry» en el que se describe un caso casi idéntico al relatado. Algunos cayeron redondos y entendieron que ese texto era la pura y santa. Pero la historia, que no la enfermedad, era tan ficticia como creerse objeto de una pasión que no existe.

